Bacha Posh: la tradición en Afganistán que lleva a algunas familias a criar a sus hijas como si fueran niños
Una práctica nacida de las restricciones sociales
En Afganistán existe una práctica conocida como bacha posh, una expresión en dari que significa "vestida como un niño". Se trata de una costumbre documentada desde hace décadas en la que algunas familias crían temporalmente a una de sus hijas con identidad masculina para que pueda acceder a libertades que, en muchas comunidades, están reservadas principalmente a los varones.
Aunque para muchas personas fuera del país resulta difícil de comprender, esta práctica refleja las profundas desigualdades de género que aún enfrentan numerosas niñas y mujeres afganas.
¿Qué es el bacha posh?
En los casos de bacha posh, una niña adopta un nombre masculino, viste ropa de niño y es presentada ante la comunidad como si fuera un hijo.
Esto le permite realizar actividades que, en determinadas zonas del país, pueden estar limitadas para las niñas, como:
Asistir a ciertos espacios educativos.
Trabajar para ayudar económicamente a la familia.
Hacer compras o diligencias sin compañía.
Jugar o practicar deportes en espacios públicos.
Desplazarse con mayor libertad dentro de la comunidad.
Cada historia es diferente y responde a circunstancias familiares, sociales o económicas particulares.
¿Por qué algunas familias toman esta decisión?
En una sociedad donde los hijos varones suelen tener mayores oportunidades y responsabilidades públicas, algunas familias recurren al bacha posh por necesidad más que por elección.
En algunos casos, la ausencia de un hijo varón puede dificultar tareas cotidianas o generar presión social sobre la familia. Convertir temporalmente a una hija en "niño" les permite afrontar esas dificultades dentro de un contexto cultural muy específico.
Lejos de ser una práctica generalizada, se trata de una realidad que afecta solo a una parte de la población y que ha sido objeto de estudios, documentales y reportajes durante años.
¿Es cierto que algunas niñas viven así toda la vida?
En redes sociales circulan imágenes acompañadas de afirmaciones que aseguran que un padre hizo pasar a su hija por un niño durante toda su vida.
Sin embargo, no existe evidencia de que esa historia represente todos los casos.
La realidad es mucho más compleja. En la mayoría de las situaciones documentadas, el período de bacha posh termina cuando la niña llega a la adolescencia o la pubertad, momento en que la familia espera que vuelva a asumir el rol femenino asignado por la sociedad.
No obstante, algunas personas permanecen más tiempo viviendo con identidad masculina debido a la presión social, las dificultades económicas o las oportunidades que esa identidad les proporciona.
El impacto del regreso del régimen talibán
Tras el regreso de los talibanes al poder en 2021, las restricciones impuestas a mujeres y niñas en ámbitos como la educación, el empleo y la movilidad han vuelto a colocar el fenómeno del bacha posh en el centro del debate internacional.
Diversos organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos han señalado que las limitaciones para acceder a la educación secundaria y universitaria, así como las restricciones laborales y de desplazamiento, han agravado las dificultades que enfrentan muchas familias afganas.
En ese contexto, algunos especialistas consideran que ciertas familias pueden seguir recurriendo al bacha posh como una estrategia para intentar acceder a oportunidades que, de otro modo, resultarían mucho más difíciles.
Una tradición que genera debate
El bacha posh ha sido objeto de análisis por parte de investigadores, periodistas y organizaciones dedicadas a los derechos de las mujeres.
Para algunos, representa una forma de adaptación frente a un entorno con fuertes desigualdades de género. Para otros, pone de manifiesto las barreras que todavía existen para que niñas y mujeres puedan ejercer plenamente sus derechos sin necesidad de ocultar su identidad.

La práctica del bacha posh refleja una compleja realidad social y cultural presente en algunas comunidades de Afganistán. Aunque muchas publicaciones en redes sociales simplifican estas historias o las presentan fuera de contexto, cada caso responde a circunstancias particulares y no puede generalizarse.
Más allá de la tradición, el fenómeno invita a reflexionar sobre el acceso a la educación, la igualdad de oportunidades y los desafíos que aún enfrentan millones de niñas y mujeres en distintas partes del mundo.